Metodología
Última actualización: 5 de septiembre de 2026
Cómo elaboramos las calculadoras
Cada calculadora se construye a partir de una base identificable: una fórmula matemática, una norma o una referencia técnica reconocida. Antes de publicar una herramienta la comprobamos con casos conocidos y ejemplos resueltos para verificar que los resultados coinciden, y revisamos periódicamente aquellas cuyos parámetros pueden cambiar con el tiempo (tramos fiscales, tipos de cotización, límites legales). Cada página explica cómo se obtiene el resultado para que entiendas el número, no solo lo leas.
Fuentes de referencia por área
Según la calculadora, trabajamos con fuentes como:
- Finanzas — fórmulas financieras estándar y, cuando el cálculo depende de normativa española, parámetros de la Agencia Tributaria (AEAT), el Banco de España, la Seguridad Social y el Boletín Oficial del Estado (BOE).
- Trabajo — Seguridad Social, Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), Ministerio de Trabajo y BOE para el paro, el finiquito, la cuota de autónomos y las reglas de jornada.
- Salud — la clasificación del IMC de la Organización Mundial de la Salud, la ecuación de Mifflin-St Jeor (1990) para el gasto energético y la fórmula de Tanaka para la frecuencia cardíaca máxima, entre otras referencias científicas revisadas por pares. Los resultados de salud son estimaciones y nunca sustituyen el consejo médico.
- Educación y física — el Sistema Internacional de Unidades (SI/BIPM) y bibliografía académica de referencia.
Cómo elegimos una fuente
Cuando un resultado depende de la normativa, tomamos la cifra del organismo que la fija, no de un resumen de segunda mano: el BOE para el texto de una norma, la Agencia Tributaria para el IRPF y el IVA, la Seguridad Social para bases de cotización y pensiones, el SEPE para la prestación por desempleo, y organismos como la OMS o la EFSA para las referencias de salud. Cuando una página se apoya en una fórmula publicada en lugar de en una norma —Mifflin-St Jeor para el metabolismo basal, Tanaka para la frecuencia cardíaca máxima—, citamos el trabajo original, para que puedas comprobar de qué se derivó la fórmula y sobre qué población.
Evitamos usar noticias de prensa y artículos de blog como fuente primaria. Sirven para detectar que algo ha cambiado, pero no para afirmar en qué ha cambiado. Cuando una fuente oficial es ambigua o una norma está en despliegue progresivo, lo decimos en la página en lugar de escoger la lectura que da el número más redondo.
Cómo verificamos una cifra antes de publicarla
Todo parámetro que proviene de la normativa se contrasta con su fuente oficial antes de publicarse, y esa comprobación queda registrada como fecha de revisión junto a la cifra. Además ejecutamos la calculadora contra ejemplos resueltos de resultado conocido, de modo que una constante equivocada se manifieste como un total equivocado. Cuando una cifra no se puede verificar, no le ponemos fecha de revisión: una fecha sin verificar es peor que no ponerla, porque afirma una comprobación que no ha ocurrido.
Una cifra aislada rara vez basta. Una base de cotización dice poco sin el tipo que se le aplica, y un porcentaje dice poco sin el tope que lo limita, así que comprobamos toda la cadena que produce el número y no solo el valor destacado.
Actualización de los datos
Las calculadoras cuyos parámetros dependen de la normativa se revisan una vez al año, cuando se publican las cifras del nuevo ejercicio fiscal y de cotización, y además cada vez que cambia una norma entre medias. Esa es la cadencia a la que nos comprometemos, y preferimos declarar una modesta que cumplimos antes que una ambiciosa que no: las fechas de revisión están visibles en cada página, así que un incumplimiento también lo estaría.
Aun así, los resultados siguen siendo orientativos y algunos parámetros pueden depender de tu convenio colectivo, de tu contrato o de tu situación personal.
Qué pasa cuando cambia la normativa
Cuando una reforma altera un parámetro, actualizamos el cálculo y el texto que lo explica en la misma pasada, porque un número correcto bajo una explicación desfasada sigue induciendo a error. Si el cambio se aplica desde una fecha determinada o entra en vigor de forma progresiva, la página lo indica en lugar de presentar la cifra nueva como si siempre hubiera regido. Las versiones española e inglesa se actualizan a la vez, de modo que nunca se contradigan entre sí.
Cómo corregimos un error
Si nos equivocamos, lo corregimos y lo dejamos registrado. Las correcciones no se hacen en silencio: el cambio queda anotado con su fecha en el historial de cambios y, si afectó a un resultado y no solo a la redacción, lo decimos con claridad. Preferimos mostrar que una cifra estuvo mal durante un tiempo antes que sobrescribirla sin más.
Si detectas una cifra que parece incorrecta o una fórmula que crees desactualizada, consulta nuestra política de correcciones y cuéntanoslo a través de la página de contacto. Cada revisión que publicamos queda registrada, con su fecha y su alcance, en el historial de cambios.