Los dos gastos fijos que más pesan en casa: el coche y la luz
11 de junio de 2026 · 6 min de lectura
Cuánto cuesta realmente tener coche sumando depreciación, seguro y mantenimiento, y cómo entender y reducir la factura eléctrica.
Casi todo el mundo sabe cuánto le cuesta llenar el depósito y casi nadie sabe cuánto le cuesta el coche. Son cosas muy distintas: el combustible rara vez supera un tercio del gasto real. Contar solo lo que se paga en la gasolinera es como calcular el coste de una casa mirando únicamente la factura de la luz.
Los gastos fijos del vehículo
- •Seguro: 400–1.200 €/año según cobertura y conductor
- •IVTM (impuesto de circulación): 50–200 €/año según municipio y potencia
- •ITV: ~50 €/bienal (cada 4 años en coches nuevos, luego cada 2)
- •Revisión anual en taller: 150–400 €
- •Neumáticos: ~400 € cada 30.000–40.000 km
Estos gastos comparten una característica incómoda: se pagan igual conduzcas 5.000 o 30.000 kilómetros al año. Por eso el coste por kilómetro de quien usa poco el coche se dispara: los mismos 1.500 € de gastos fijos repartidos entre pocos kilómetros dan una cifra por kilómetro mucho peor. Un coche parado en el garaje sigue costando dinero todos los días.
Los gastos variables: combustible
El combustible es el gasto variable más importante. Un coche diésel que consume 6 l/100 km con gasoil a 1,45 €/l gasta ~8,70 € por cada 100 km. Un gasolina de 8 l/100 km a 1,60 €/l gasta 12,80 €/100 km. Un eléctrico que consume 18 kWh/100 km a 0,20 €/kWh gasta solo 3,60 €/100 km.
La depreciación: el gasto invisible
La depreciación es el mayor gasto de un coche pero el más ignorado. Un coche nuevo pierde entre el 15% y el 25% de su valor el primer año, y entre el 10% y el 15% los siguientes. Un coche de 25.000 € que usas 10 años y vendes por 5.000 € te ha costado 20.000 € solo en depreciación: 2.000 €/año.
El coste por kilómetro
Sumando todos los conceptos (fijos + variables + depreciación), el coste real por kilómetro de un coche de gama media en España suele estar entre 0,30 y 0,60 €/km. Esto significa que un trayecto de 20 km cuesta entre 6 y 12 € — similar o superior al precio de un taxi compartido para ese mismo recorrido.
Ese dato cambia bastantes decisiones cotidianas. Si haces menos de 8.000 kilómetros al año, la combinación de transporte público, taxi ocasional y alquiler para los viajes largos suele salir más barata que la propiedad, además de ahorrarte aparcamiento y averías. A partir de 15.000 kilómetros anuales, o si vives donde el transporte público es escaso, la balanza se inclina claramente del otro lado.
Nuevo, seminuevo o de segunda mano
Como la depreciación es el gasto mayor y se concentra en los primeros años, comprar un coche de dos o tres años deja que sea el primer propietario quien asuma el golpe más fuerte. Un vehículo de tres años ha perdido ya en torno al 40 % de su valor, pero conserva buena parte de su vida útil y a menudo aún tiene garantía. Es, en términos puramente económicos, el punto de compra más eficiente.
Antes de decidir entre diésel, gasolina o eléctrico, calcula tu kilometraje anual real mirando las ITV o las revisiones de los últimos años, no lo que crees que conduces. La mayoría de la gente sobreestima sus kilómetros, y ese error es justo el que hace elegir mal el tipo de motor.
Los importes son estimaciones (datos de referencia de 2026). Los precios del combustible y los seguros varían continuamente: consulta los precios actualizados en el portal de carburantes del Gobierno y los datos de la DGT.
El otro gasto fijo del hogar: la factura de la luz
Reducir la factura de la luz no consiste en apagar bombillas, sino en saber dónde se va realmente el dinero. La mayoría de los consejos que circulan atacan consumos irrelevantes mientras ignoran los tres o cuatro aparatos que se llevan la mitad del recibo. Vale la pena ordenar el problema por tamaño antes de cambiar ningún hábito.
Cómo leer tu factura antes de nada
La factura tiene dos bloques bien distintos. El término de potencia se paga todos los meses aunque no enciendas nada, y depende de los kilovatios que tengas contratados. El término de energía depende de lo que consumes. Muchos hogares españoles tienen contratada más potencia de la que necesitan, arrastrada de una instalación antigua o de una recomendación comercial, y eso es dinero que se paga sin recibir nada a cambio.
Si nunca te salta el diferencial, probablemente puedas bajar la potencia contratada. Cada kW que reduzcas supone un ahorro fijo de unos 40 € al año, sin cambiar ningún hábito. El trámite se hace con la comercializadora y es gratuito una vez cada doce meses.
Los grandes consumidores del hogar
- •Calefacción y AC eléctrico: 1.500–3.000 W, el mayor consumo del año
- •Calentador de agua eléctrico (termo): 1.500–2.500 W, hasta 800 kWh/año
- •Secadora: 2.000–3.000 W por ciclo (~2-3 kWh)
- •Horno eléctrico: 2.000 W; 1 hora de uso = 2 kWh
- •Frigorífico: 100–200 W pero funciona 24h → 500-900 kWh/año
El patrón que conviene retener es que todo lo que produce calor o frío consume mucho, y todo lo que produce información consume poco. Un secador de pelo gasta más en diez minutos que un portátil en toda una jornada de trabajo. Por eso la climatización, el agua caliente y la secadora concentran el grueso del gasto en casi cualquier hogar.
Pequeños consumidores pero siempre encendidos
Los standby y los dispositivos pequeños en reposo suman sin que te des cuenta: el router (10-15 W × 8.760 h = 88-131 kWh/año), el decodificador de TV, los cargadores conectados sin usar. Aunque el consumo individual es pequeño, la suma puede representar el 5-10% de la factura anual.
PVPC vs. tarifa plana: cómo aprovechar las horas valle
Si tienes tarifa PVPC (el precio horario del mercado), la luz es más barata en horas valle (generalmente de madrugada). Programar el lavado, la secadora o el lavavajillas para las 23h-7h puede reducir el coste de esos ciclos un 40-60%. En tarifas planas este truco no tiene efecto.
Las medidas con mayor retorno de inversión
- •Cambiar bombillas a LED: ahorro del 70-80% en iluminación
- •Aislar bien la vivienda: reduce el 30-50% del gasto en climatización
- •Instalar un termostato inteligente: hasta un 20% de ahorro en calefacción
- •Electrodomésticos eficientes (A+++): hasta 50% menos que equipos de hace 10 años
Al valorar estas medidas conviene pensar en años de amortización, no en porcentajes. Cambiar las bombillas se paga solo en meses. Un termostato inteligente, en un par de temporadas. Cambiar un frigorífico que aún funciona solo por eficiencia rara vez sale a cuenta antes de los ocho o diez años, así que tiene más sentido hacerlo cuando el viejo se avería que anticiparlo.
El grado de la calefacción
Cada grado de más en el termostato encarece la calefacción alrededor de un 7 %. Pasar de 23 a 20 grados en invierno recorta cerca de una quinta parte del consumo en climatización, que es la partida más grande del año en la mayoría de las casas. Ninguna otra medida de coste cero se le acerca en impacto.
Con el aire acondicionado ocurre lo mismo en sentido inverso: bajar de 26 a 22 grados en verano puede duplicar el consumo del aparato. La recomendación habitual de mantener 21 grados en invierno y 26 en verano no es una cifra arbitraria, sino el punto donde el confort y el gasto se equilibran razonablemente.
Los cálculos de consumo son estimaciones basadas en la potencia nominal. El consumo real varía según el estado y uso del aparato.
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